Más de 13 millones de ecuatorianos están convocados a votar hoy en unas elecciones marcadas por un nuevo rebrote de la pandemia, una profunda crisis económica, la salida de un Gobierno altamente impopular y la posibilidad de que la fuerza del expresidente Rafael Correa vuelva al poder.
En medio de este complejo escenario, los ecuatorianos elegirán a su próximo presidente, pero también a 137 miembros de la Asamblea Legislativa y cinco representantes del Parlamento Andino en los 4.276 recintos habilitados en el país y otros 101 dispuestos en el exterior.
Si bien 15 hombres y una mujer se postularon como aspirantes a dirigir el país -un récord en la historia de la democracia ecuatoriana-, solo dos parecen perfilarse para una probable segunda vuelta el 11 de abril: el banquero Guillermo Lasso y el protegido de Correa, el economista Andrés Arauz.
Según los últimos sondeos, publicados antes de empezar a regir la restricción electoral el 29 de enero, el favorito era Arauz, con una media de 35,4 por ciento de los votos, seguido por Lasso, con un promedio de 26,3 por ciento, y tercero figuraba Yaku Pérez, candidato del partido Pachakutik, brazo político del movimiento indígena, con una media de 16,2 por ciento.
Ningún aspirante obtendría entonces la mayoría absoluta de votos válidos ni el 40 por ciento de los sufragios, con una diferencia de 10 por ciento sobre la segunda fuerza, necesarios para alzarse con el triunfo en primera vuelta.
En tanto, los indecisos se elevaban a un promedio de 14 por ciento y los votos blancos y nulos alrededor de 17 por ciento.
EL ESTALLIDO
Cuando el gobierno de Ecuador eliminó los subsidios a los combustibles, miles de personas se lanzaron a las calles de Quito en octubre de 2019 para protestar contra el plan de ajuste económico del presidente Lenín Moreno.
Liderado por organizaciones indígenas y opositores al gobierno, el estallido social dejó en evidencia una polarización política que, con motivo de las elecciones presidenciales de este domingo, ha vuelto a resurgir.
Arauz y Lasso representan el llamado “correísmo” y el “anticorreísmo” que divide profundamente al país y que encarnan dos modelos de desarrollo económico opuestos.
Uno de los temas más importantes de la campaña ha sido la economía, que si bien arrastra graves problemas desde hace años, ahora está en una situación crítica por los efectos de la pandemia de COVID-19.
El próximo gobierno tendrá que hacerse cargo de un país cuya economía sufrió una contracción cercana al -9 por ciento en 2020 y que tiene muy pocos fondos para echar a andar la reconstrucción económica.
A la pandemia se suma la persistente caída en el precio del petróleo desde 2014 -que es el principal producto de exportación del país- y que genera cerca de un tercio de los ingresos públicos, mientras que el resto proviene de la recaudación tributaria.
Siendo una economía dolarizada, que no puede imprimir dinero ni jugar con la devaluación monetaria, el país ha enfrentado una crisis de financiamiento que le ha puesto el camino cuesta arriba, según BBC Mundo.
La deuda pública bordea el 70 por ciento del Producto Bruto Interno y el déficit fiscal supera el 8 por ciento, según las últimas estimaciones del Fondo Monetario Internacional, FMI.
UN PAÍS CON PROBLEMAS
Quien sea el ganador de la contienda electoral tendrá que hacerse cargo de un país con altos niveles de informalidad laboral y pobreza, que se han vuelto aún más apremiantes en medio de una crisis económica global.
A falta de estadísticas oficiales, organismos como el Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas, Unicef, estimó que la pobreza se ha disparado al 38 por ciento y la extrema pobreza a cerca del 20 por ciento.
Considerado un país de alto riesgo por los inversores internacionales, el presidente Lenín Moreno buscó financiamiento externo con organismos multilaterales como el Banco Mundial, el BID, la CAF y el FMI, siendo ésta última la institución que comprometió una mayor cantidad de recursos.
El último préstamo acordado con el FMI fue de U$S6.500 millones de dólares, de los cuales ya se han entregado unos U$S4.000 millones, y el resto será desembolsado en la medida que se cumplan las condiciones exigidas por el organismo.
¿Por qué sigue siendo tan popular la dolarización entre los ecuatorianos? (y cuál es su lado oscuro)
Condiciones que apelan a la austeridad fiscal para limpiar las cuentas públicas, reducción del tamaño del Estado y un aumento del Impuesto al Valor Agregado (IVA), las cuales son resistidas por los sectores de menores ingresos por considerarlas como un sinónimo de hambre y miseria.
El empresario Guillermo Lasso ha dicho que respetará el acuerdo del país con el organismo multilateral, excepto en un punto.
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